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Calderón de la Barca une La Habana y Miami
MAURICIO VICENT - La Habana - 10/06/2008
Que el teatro de Calderón de la Barca
sirva para unir a España y Cuba es algo curioso,
aunque hasta cierto punto ‘normal’. Pero
que la obra-puente sea el auto sacramental La Divina
Filotea, escrito por Calderón el año
de su muerte (1681), y que de La Habana el espectáculo
viaje a Miami, contribuyendo también a tejer vínculos
entre cubanos donde quiera estén, ya es algo más
especial. La Compañía Española de
Teatro de Pedro María Sánchez consiguió lo
que parecía un sueño demasiado arriesgado:
las tres funciones que ofreció en La Habana, con
la Camerata Romeu interpretando música compuesta
por José de Nebra (1702-1768), fue un éxito
rotundo de público y críticas.
Nadie recuerda cuanto tiempo hace que en Cuba
fue interpretado el último auto sacramental,
ni siquiera Eusebio Leal, director de la Oficina del
Historiador de la Ciudad, que junto con la Sociedad Estatal
para la Acción Cultural Exterior de España
(SEACEX) y la embajada española en Cuba posibilitaron
las presentaciones, en el marco del festival La Huella
de España. El Festival, que este año llegó a
su vigésima edición, convocó a artistas
españoles como Amancio Prada, que ofreció un
bellísimo concierto más de una década
después de su última presentación
en la isla, pero fue La Divina Filotea la perla
del encuentro cultural hispano-cubano.
En la Basílica Menor del Convento de San
Francisco, el sábado, domingo y lunes pasados
subieron a escena los 19 actores de la compañía
de Pedro María Sánchez, incluido él
mismo, en el papel del Demonio, y el actor cubano Vladimir
Cruz, en el de la Lascivia. Los versos de Calderón,
en esta obra planteada como un combate diléctico
y filosófico entre el alma y sus enemigos, que
tratan de asaltar el castillo que la guarda, cobraron
brillo cubano gracias al trabajo excepcional de la Camerata
Romeu. Su directora, Zenaida Romeu, convirtió las
partituras originales de José de Nebra en uno
de los grandes alicientes de esta puesta, y los aplausos
a ella y a la compañía teatral retumbaron
en la basílica, en la ciudad y hasta en Miami.
Para Miami va la obra en julio, donde se presentará en
el Festival Internacional de Teatro Hispánico,
y también la exposición Cien años
vistiendo a Calderón, exhibida estos días
en La Habana, con un total de 40 trajes y diez figurines
utilizados en el siglo pasado para la representación
de piezas teatrales de Calderón de la Barca. El
director del Museo Nacional del Teatro de España
y comisario de la exposición, Andrés Peláez,
indicó que la muestra incluye diseños de La
cena del rey Baltasar realizados por Víctor
María Cortezo (1940), la primera producción
teatral española que viajó a La Habana
después de la guerra civil española, y
que debutó en la isla dentro una gira por Iberoamérica.
Entre los trajes de esa obra figuran los que utilizaron
los actores Francisco Rabal y María Asunción
Balaguer para representar los personajes de Baltasar
y La Idolatría en 1953.
Diseños para los personajes de el Rey
Felipe y la Reina María de Austria en la escenificación
de El laurel de Apolo realizados por Emilio Burgos,
los de Begoña del Valle para personaje de Estrella
en La vida es sueño, y los utilizados por
la actriz Ana Belén para el personaje de Semiramis
en La hija del aire, en un montaje de 1981, integran
la exposición. En un hecho cargado de simbolismo,
gracias al divino Calderón cubanos de adentro y
de afuera podrán disfrutarla y también
asistir al tremendo combate del alma que describe La
Divina Filotea. La pretensión, explica Pedro
María Sánchez, es que la obra viaje después
a diversos escenarios de Europa, Asia y América.
En cada lugar la música de José de Nebra
será interpretada por músicos del país,
como ocurrió en La Habana con la Camerata Romeu.
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